El sedentarismo influye más que las calorias en el aumento de la “cintura”

“La comida por si sola no mantendrá al hombre en buen estado de salud; también debe hacer ejercicio. Porque la comida y el ejercicio (…) trabajan juntos para producir salud.”  Hipócrates s. IV a.C.

No es una novedad que la falta de ejercicio es un importante factor de riesgo para el desarrollo de sobrepeso y obesidad, tanto en la infancia como en la edad adulta. Cada día aparecen nuevas investigaciones que lo confirman, la más reciente el informe realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Standford, publicado en The American Journal of Medicine, que da origen a este post: Less Exercise, Not More Calories, Responsible for Expanding Waistlines

En este informe los autores exponen que el principal responsable del incremento de la obesidad durante los últimos 20 años en Estados Unidos ha sido el fuerte descenso en la práctica del ejercicio físico, sobre todo en el tiempo libre, y no el número de calorías consumidas, que se ha mantenido más o menos estable. Para el estudio se basan en los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. 

Es en el grupo de las mujeres adultas donde más se ha incrementado el porcentaje de personas que reconocen no hacer nada de ejercicio físico en su tiempo libre, siendo en 2010 el 51.7% mientras que en 1994 apenas era el 19.1% de las encuestadas. Entre los hombres, la inactividad física afecta ya al 43.5% del total, cuando en 1994 era del 11.4%.

Los investigadores también observaron el incremento en las cifras del perímetro abdominal, un indicador de enfermedad cardiovascular más importante que el Indice de Masa Corporal (IMC), puesto que la llamada obesidad central (cuando el exceso de grasa se concentra en el abdomen) tiene peores consecuencias para el organismo.

Las causas por las que ha disminuido la actividad física de la población son muchas. Paradójicamente, el gran desarrollo tecnológico que disfrutamos en la actualidad, con el uso habitual del transporte motorizado, disponibilidad de electrodomésticos para realizar las tareas caseras, descenso en las tareas físicas en el trabajo y actividades de ocio que requieren poco gasto energético, ha contribuido al avance de uno de los problemas de salud pública más importantes del siglo XXI.

Es evidente la necesidad de implementar estrategias que permitan adoptar un estilo de vida más activo, ya que son muchos los beneficios asociados a la práctica del ejercicio físico para el organismo. Y para promocionar la actividad física de manera eficaz, es necesario tener en cuenta los diferentes contextos en los que la población vive, se desenvuelve, se relaciona y trabaja, así como las características de los distintos grupos a los que se dirigen las intervenciones.

Fuente: Casajús, J.A. y Vicente Rodríguez, G. (coordinadores). Ejercicio Físico y Salud en Poblaciones Especiales. Exernet. Madrid: Consejo Superior de Deportes; 2011.

Para cambiar los hábitos de actividad física será necesario combinar los esfuerzos de muchas partes interesadas, tanto públicas como privadas, durante varios decenios. Es preciso realizar acciones racionales y eficaces a nivel mundial, regional, nacional y local, así como un atento seguimiento y evaluación de sus repercusiones, tal como propone la Organización Mundial de la Salud en su Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud.

Fuentes consultadas:

Entrada realizada por Fuensanta Martínez Moreno. Enfermera. Técnica de Salud Pública del  Programa de Educación para la Salud en la Escuela. Dirección General de Salud Pública y Drogodependencias.

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