Determinantes de la Salud Mental y Promoción de la Salud

La salud mental es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, siendo capaz de hacer una contribución a su comunidad.” Por tanto, va más allá de la simple ausencia de enfermedad mental.

El concepto de promoción de la salud mental es relativamente reciente. Desde hace años son varios los autores que señalan que la promoción de la salud mental, desde una perspectiva positiva, reduce los déficits, potenciando la salud de las personas y comunidades. Las aptitudes, los recursos, el talento y las oportunidades son activos para la salud que intervienen desde un enfoque salutogénico ((Antonovsky A., 1996) en la promoción de la salud mental (Antonovsky, 1987).

En este sentido, la OMS en su página Web “Salud mental: fortalecer nuestra respuesta” dice:

“Las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo nivel educativo. La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos.

También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.”

Es decir, la salud mental, como los problemas mentales, están determinados por factores personales, sociales y ambientales. Estos factores que determinan la salud mental se pueden agrupar en tres temas principales:

  • el desarrollo y mantenimiento de comunidades saludables: proporcionar un ambiente de protección y seguridad, buenas condiciones habitacionales, experiencias educativas positivas, empleo con buenas condiciones de trabajo y una infraestructura política de apoyo permite la autodeterminación y el control de la propia vida y proporciona apoyo social, modelos de roles positivos y las necesidades básicas de alimentación, afecto y albergue.
  • la capacidad de cada persona para afrontar el mundo social a través de destrezas de participación, tolerancia a la diversidad y responsabilidad mutua. Esto se relaciona con experiencias positivas de lazos afectivos tempranos, apego, relaciones, comunicación y sentimientos de aceptación.
  • la capacidad de cada persona para afrontar los sentimientos y pensamientos, el manejo de la propia vida y la resiliencia “o un fenómeno por el que los individuos alcanzan relativamente buenos resultados a pesar de estar expuestos a experiencas adversas” (Rutter, 2007). Esta capacidad se relaciona con la salud física, la autoestima, la habilidad para manejar los conflictos y hacer frente a las adversidades de la vida y la capacidad para aprender.
Favorecer el desarrollo de estas cualidades individuales, sociales y ambientales y evitar lo opuesto son los objetivos de la promoción de la salud mental y el enfoque será diferente según el tipo de factor o factores que queramos abordar. Es necesario tener en cuenta que, al ser tan numerosos y variados los factores que condicionan la salud mental de las personas -determinantes sociales y personales- las actividades de promoción de la salud mental (que actúa sobre los determinantes) y de prevención de la enfermedad mental (que se ocupa de las causas de la enfermedad) estarán relacionadas y, en muchos casos, superpuestas.

Depresión en la vejez-Van Gogh

En relación con los determinantes socioeconómicos de la salud mental, las actividades para la promoción de la salud mental son mayoritariamente sociopolíticas y han de ir encaminadas a reducir el desempleo, mejorar la escolarización y la vivienda, trabajar para disminuir el estigma y la discriminación, etc. Pero, para que los responsables de la toma de decisiones y los profesionales actúen en este sentido, es necesario que exista evidencia de dicha relación.

En este sentido, se ha publicado recientemente en la revista Gaceta Sanitaria, como parte del Informe SESPAS 2014, el artículo Crisis económica y salud mental en el que los autores presentan algunos de los datos obtenidos en el estudio IMPACT, que compara la prevalencia de los trastornos mentales más frecuentes diagnosticados en Atención Primaria antes y durante la actual crisis económica en todas las CCAA y analiza el impacto del aumento del desempleo sobre el trastorno mental (2006-2010): los trastornos del estado de ánimo (depresión y ánimo decaído), los trastornos de ansiedad y somatomorfos (cuando la persona presenta síntomas de una enfermedad que no se demuestra en pruebas médicas) y el abuso de alcohol, aumentaron de manera significativa durante la crisis económica.

Incremento (%) de los transtornos mentales entre 2006 y 2010 en España (estudio IMPACT). Fuente: Crisis económica y salud mental. Informe SESPAS 2014. Margalida Gili, Javier García Campayo, Miquel Roca. Gac. Sanit. 2014; 28(Supl.1):104-8

El estudio IMPACT aporta datos relevantes sobre el aumento de la prevalencia de los transtornos mentales más frecuentes y recomienda la necesidad de fortalecer los factores de protección del impacto de la crisis en los grupos más vulnerables como los niños, los jóvenes, los ancianos y las personas en desempleo. Para ello propone medidas activas de política asistencial, preventiva y social, ensayadas en otros países con éxito, para reducir el impacto de la crisis en la salud mental:

  • incrementar los servicios comunitarios, manteniendo la cobertura sanitaria de manera universal
  • desarrollar políticas activas de empleo para reducir las tasas de paro, de manera especial en la población joven
  • poner en marcha programas especiales de apoyo a personas con dificultades económicas básicas, como la vivienda
  • favorecer la reducción del consumo de alcohol, que podría incluir un aumento de los impuestos
  • prevenir las conductas suicidas, en especial entre la gente joven, con políticas adecuadas evitando conductas miméticas.

Fuentes:

Entrada realizada por Francisca Luna Meseguer, enfermera. Técnica de Salud Pública del Servicio de Promoción y Educación para la Salud. Consejería de Sanidad y Política Social. Programa de Prevención del Cáncer de Mama

 

 

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