Recomendaciones sobre el consumo de azucar: un dulce debate con amarga controversia

Imaginemos un kilo de azúcar. Esta es aproximadamente la cantidad de azúcar que un adulto consume en menos de quince días. Según la OMS, España y Reino Unido son los mayores consumidores de azúcar en Europa, con un aporte diario de unos 80 gramos al día por persona, lo que supone aproximadamente el 17% de la ingesta calórica, muy superior a las nuevas recomendaciones de la OMS respecto al consumo de azúcar, que indican que su consumo no debe aportar más del 10% de las calorías diarias, tanto en niños como en adultos (12 cucharillas de café, 50 gramos), aunque lo ideal es que la cantidad de azúcar consumido quede por debajo del 5% del aporte calórico (seis cucharillas, 25 gramos).

El azúcar está presente en gran parte de los alimentos que comemos y no consideramos “dulces”; mientras que las bebidas azucaradas y golosinas son fuentes obvias, es posible que nos sorprenda saber que zumos, cereales, salsas de tomate frito, etc.  pueden contener altos niveles de azúcar, por lo que es muy útil conocer la composición en energía y nutrientes de los distintos alimentos. Para ello podemos utilizar distintas web como la Base de Datos Española de Composición de Alimentos.

Cada vez hay más evidencia de los efectos perjudiciales de los alimentos ricos en azucares, como por ejemplo las bebidas azucaradas. En 2015, un estudio de la Universidad de Harvard y el Imperial College de Londres entre otras instituciones, indicaba que 184.000 de muertes al año a nivel mundial podrían ser atribuibles al consumo de bebidas azucaradas: 133.000 muertes por diabetes, otras 45.000 por enfermedades cardiovasculares y 6.450 por diferentes tipos de cáncer.En el mismo año se publica en el British Medical Journal un meta-análisis de 17 estudios donde se objetiva que el consumo regular de bebidas azucaradas (incluyendo los zumos comerciales) es un factor de riesgo, por sí solo, de la diabetes tipo 2, independientemente de su implicación en la obesidad. Es importante destacar que ninguno de los estudios incluidos en este análisis fue financiado por la industria alimentaria, ya que parece que dicha industria intenta ocultar estos datos. Así, un estudio español publicado en 2013 demostró que las revisiones sistemáticas donde sus autores reconocen la existencia de un potencial conflicto de interés económico con la industria alimentaria tienen cinco veces más probabilidad de determinar que la relación entre el consumo de refrescos y la ganancia de peso es inconcluyente.

Las presiones de la industria alimentaria no son algo nuevo; valga como ejemplo otro estudio publicado el año pasado en PloS Medicine que muestra que la industria alimentaria era consciente desde 1950 de que el azúcar producía caries y financiaba investigaciones para buscar una estrategia eficaz para reducir la caries distinta a la reducción del consumo de azúcar. Este estudio muestra la presencia desde entonces del fenómeno de las “puertas giratorias” en el sector de alimentación en EEUU.

En este sentido la Directora General de la OMS, Dra. Margaret Chan, ha señalado en varios foros como “la industria de productos azucarados es un poderoso agente económico y el poder económico se traduce fácilmente en el poder político por lo que la industria alimentaria no debe tener ni voz ni voto en la orientación técnica emitida por la OMS, y no puede participar en la formulación de políticas de salud pública”. Por este motivo es necesario un compromiso transparente y constructivo por parte del sector privado y de unas políticas de apoyo a la alimentación más saludable por parte de las autoridades de salud pública.

Entre las medidas de salud pública propuestas para combatir el alto consumo de productos azucarados podemos destacar dos: el aumento de impuestos y el empleo de advertencias sanitarias para desincentivar su consumo.

El establecimiento de impuestos a las bebidas azucaradas como medida de promoción de la salud eficaz ya se ha llevado a cabo en países como Finlandia, Hungría, Francia y México. En este último país, un año después de aplicar un impuesto del 10% sobre las bebidas azucaradas, las ventas de bebidas azucaradas habían bajado un 12%, mientras que las ventas de las bebidas sin impuestos (sobre todo el agua embotellada) habían aumentado en un 4%. La mayor disminución se dio en los hogares de nivel socioeconómico bajo, con un promedio 17%.

Otra medida que contribuye a reducir el consumo de bebidas azucaradas es la colocación de advertencias sanitarias, como muestra un estudio reciente publicado en la revista Pediatrics. Para el estudio, los investigadores dividieron a 2.381 padres que tenían al menos un hijo de 6 a 11 años de edad en seis grupos, para que compraran “bebidas” para sus hijos en una compra simulada en línea. Uno de los grupos no vio ninguna etiqueta de advertencia en las bebidas que comprarían. Otro grupo vio una etiqueta que mencionaba las calorías. Los otros cuatro grupos vieron varias etiquetas de advertencia sobe los efectos potenciales del consumo de bebidas azucaradas para la salud, como el aumento de peso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y las caries. En total, menos del 40% de los que vieron las etiquetas de advertencia eligieron una bebida azucarada. Pero el 60% de los que no vieron ninguna etiqueta eligieron una bebida azucarada, al igual que el 53% de los que vieron la etiqueta que solo mencionaba las calorías.

Pero a pesar de estas evidencias la industria alimentaria, “sigue presentando argumentos que colocan la responsabilidad del daño en la salud sobre los individuos y muestran las acciones gubernamentales como interferencias contra la libertad personal y la libre elección” según señalaba la Directora General de la OMS, Dra. Margaret Chan en su discurso de apertura de la 8ª Conferencia de Promoción de la Salud. Además la industria recurre a técnicas con las que “confunden la evidencia y deja a los consumidores con dudas”. El consecuente “fallo de la voluntad política para hacer frente a las grandes corporaciones” hace que medidas de control eficaces se estén quedando abandonadas.

Fuentes:

Entrada realizada por Georgios Kyriakos, medico especialista en endocrinología y nutrición. Estudiante del Máster de Salud Pública 2015-2016.

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