1 diciembre 2017 – Día Mundial del Sida

Con la llegada del Día Mundial del Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), es necesario reflexionar sobre el camino recorrido desde junio de 1981, y la publicación de los primeros casos en  Estados Unidos. Tras esos primeros casos, descritos en el colectivo homosexual, pronto se vio que la infección también afectaba a usuarios de drogas intravenosas y a hemofílicos. En menos de una década, había más de 30 millones de afectados por el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) en todo el mundo, y se puso de manifiesto que era una infección de trasmisión sexual, donde el mayor grupo de pacientes afectados se había infectado a través de relaciones heterosexuales.

A pesar de identificar el virus responsable y la aparición de los primeros fármacos frente al VIH, la enfermedad no tenía solución a principios de los 90, y el miedo al contagio y la discriminación hacia las personas afectadas era la norma. Hay que destacar el coraje de nuestros primeros pacientes que luchaban por sobrevivir, superando enfermedades oportunistas de forma sucesiva, como si fuera una carrera de obstáculos donde nunca llegaba la meta. Ivone, Jose Manuel, Rodrigo … y muchos otros son hoy un recuerdo vivo de aquella dura etapa. Pero también fue tenaz la lucha de sus familiares y cuidadores, enfermeras, médicos, auxiliares, que conviviendo con sus propios miedos les acompañaron y ayudaron en esos difíciles momentos.

Fue a partir de 1996 cuando se produjo “el gran salto”, avances en el conocimiento del virus, de los métodos de laboratorio y, sobre todo, el descubrimiento de nuevos fármacos que atacaban al virus de forma simultánea en varias dianas, fueron la clave para invertir el curso de esta enfermedad. Pasó de ser “irremisiblemente mortal” a “crónica”, en una gran mayoría de los casos.

Sería injusto no destacar los méritos de nuestro Sistema Nacional de Salud asumiendo el reto que supuso la infección por el VIH/SIDA y el elevado coste del tratamiento en una población con frecuencia con recursos limitados. También a nivel internacional el programa ONUSIDA está extendiendo la cobertura de cuidados y tratamientos a un mayor número de países en vías de desarrollo.

Por tanto, la vista atrás es esperanzadora, pero quedan muchas facetas a mejorar, y sin salir de nuestras fronteras. En primer lugar la necesidad de superar el miedo y discriminación hacia las personas con infección por VIH. A día de hoy, la enfermedad se vive todavía de forma casi clandestina, con engaños en el entorno familiar y laboral por miedo al rechazo o al despido. En segundo lugar, es necesario diagnosticar aquellas personas infectadas por el VIH y que lo desconocen, pues el diagnóstico precoz y el tratamiento pueden detener el contagio y es la clave para detener la pandemia. Esto se consigue con información veraz desde los centros educativos, con campañas sanitarias institucionales y con apoyo a los colectivos de pacientes o de personas vulnerables, que deben tener un papel fundamental en la consecución de estos objetivos.

 

 

 

 

 

Entrada realizada por el Doctor Carlos Galera Peñaranda. Médico Adjunto de la Unidad VIH del Servicio de Medicina Interna, Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca. Servicio Murciano de Salud.

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