Habilidades para la Vida

En el mundo existen alrededor de 7.000 millones de personas, cada una de ellas con sus características y particularidades intrínsecas, con pensamientos y sentimientos propios. No hay una persona igual a otra. Por tanto, sería lógico pensar que, dada la diversidad de población que existe, si no estuviéramos dotados de una serie de habilidades que nos capacitan para relacionarnos con los demás, dominaría el caos en nuestra sociedad.

Relacionarnos con los demás implica mucho más que el simple hecho de mantener una relación o un trato con alguien. Requiere, en primer lugar, que cada persona se conozca y acepte tal y como es. Conlleva además, dejar a un lado los juicios previos y tratar de entender a la otra persona, comunicarnos con los demás sin herir con nuestras palabras, solucionar problemas y conflictos de la forma más positiva posible, etc. En definitiva, dominar una serie de destrezas y capacidades que nos permitan desenvolvernos en la sociedad de manera eficaz, enfrentándonos con éxito a las diversas situaciones que nos plantea la vida.

Todas estas destrezas o capacidades se agrupan bajo el término Habilidades para la Vida (HpV). La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1993 las define como “aquellas aptitudes necesarias para tener un comportamiento adecuado y positivo que nos permita enfrentar eficazmente las exigencias y retos de la vida diaria”.

En un principio, las  HpV se orientaron a la prevención de problemas específicos de salud pública: retrasar la edad de inicio del consumo de alcohol, tabaco y cannabis,  prevenir conductas sexuales de alto riesgo, mejorar conductas relacionadas con la salud y la autoestima, promover el ajuste social positivo, mejorar el desempeño académico y/o prevenir el rechazo de los iguales. Más tarde, se comprendió que las habilidades socio-cognitivas y de control de las emociones representan la pieza clave para el desarrollo humano, por lo que se redirigió su enfoque, proponiendo como objetivo principal de la aplicación de las mismas la promoción de la salud, aplicando este punto de vista a diversas situaciones de la vida cotidiana.

Las 10 competencias o capacidades consideradas necesarias para la vida, son las siguientes:

  • Autoconocimiento: “Implica reconocer nuestro ser, carácter, fortalezas, debilidades, gustos y disgustos”. El autoconocimiento nos permite darle sentido a nuestra persona y a las que nos rodean. Antes de establecer cualquier tipo de relación con los demás, es imprescindible conocerse a uno mismo, nuestra personalidad, características, actitudes, debilidades y fortalezas, tratando de encontrar nuestro camino y motivación en la vida y qué necesitamos para conseguirlo.
  • Empatía: Es la “capacidad de imaginar cómo es la vida para otra persona, aun en situaciones con las que no estamos familiarizados, ayudándonos a aceptar a personas diferentes a nosotros y mejorando nuestras interacciones sociales”. Se trata de la capacidad de ponernos en el lugar del otro, entendiendo sus circunstancias y sentimientos, aunque no los compartamos.
  • Comunicación asertiva. “Tiene que ver con nuestra capacidad de expresarnos tanto verbal como no verbalmente y en forma apropiada con nuestra cultura y las situaciones que se nos presentan”. En toda comunicación, lo más importante es cómo decimos lo que queremos transmitir, pues la manera en la que lo hacemos puede afectar al otro. Así, debemos expresar claramente nuestras ideas, pero siempre teniendo en cuenta y respetando los sentimientos de los demás. Asimismo, utilizar la escucha activa nos permite concentrarnos en la persona que habla y proporcionarle un feedback.
  • Relaciones interpersonales. “Nos ayudan a relacionarnos en forma positiva con las personas con quienes interactuamos, a tener la destreza necesaria para iniciar y mantener relaciones amistosas que son importantes para nuestro bienestar mental y social, a mantener buenas relaciones con los miembros de la familia, y a ser capaces de terminar relaciones de manera constructiva”. Distinguir entre relaciones sanas y tóxicas es esencial para nuestro crecimiento personal. Dependiendo de las personas con las que nos rodeemos tendremos unos aprendizajes u otros, por lo que tenderemos a relacionarnos con aquellos sujetos de los que obtengamos experiencias positivas. Por el contrario, debemos aprender cómo alejarnos de aquellos que entorpezcan nuestro camino.
  • Toma de decisiones. “Nos ayuda a manejar constructivamente las decisiones respecto a nuestras vidas”. Debemos ser personas proactivas, con iniciativa, decisión y capacidad de anticiparnos a problemas o necesidades, siendo consecuentes con aquellas decisiones que tomemos no solo en nuestra propia vida sino también en la vida de los demás, y con capacidad de evaluar y mejorar siempre que sea posible.
  • Manejo de problemas y conflictos. “Nos permite enfrentar de forma constructiva los problemas en nuestras vidas”. Todo problema requiere una respuesta por parte de la persona. No podemos mirar hacia otro lado porque el problema va a seguir ahí hasta que actuemos. Es una oportunidad de reflexionar, analizar, cambiar y/o mejorar cualquier situación, obteniendo siempre un aprendizaje del mismo que nos hará ganar nuevas experiencias y crecer personalmente.
  • Pensamiento creativo. “Nos permite explorar las alternativas disponibles y las diferentes consecuencias de nuestras acciones u omisiones, ayudándonos a ver más allá de nuestra experiencia directa y a responder de manera adaptativa y con flexibilidad a las situaciones que se presentan en nuestra vida cotidiana”. Nuestra capacidad de inventiva e imaginación puede ser llevada a cualquier ámbito de nuestra vida. De hecho, las personas con un pensamiento creativo se desenvuelven en la vida de manera más eficaz, pues abordan las situaciones desde distintos puntos de vista y son capaces de crear ideas nuevas.
  • Pensamiento crítico. Es la “habilidad para analizar información y experiencias de manera objetiva”. Estamos rodeados de información que nos llega a través de multitud de medios (personas, televisión, radio, impresos…), por lo que tenemos que saber analizarla, compararla y juzgarla en función de nuestro beneficio, tomando nuestras propias conclusiones.
  • Manejo de emociones y sentimientos. “Nos ayuda a reconocer nuestras emociones y las de otros, a ser conscientes de cómo influyen en nuestro comportamiento, y a responder a ellas en forma apropiada”. Tenemos que aprender a sentir, expresar y gestionar todas las emociones, comprendiendo lo que estamos sintiendo y el porqué de ese sentimiento, para percibir cómo influyen dichas emociones en nuestro comportamiento y saber controlarlas, además de entender las de los demás.
  • Manejo de tensiones y estrés. “Nos ayuda a reconocer las fuentes de estrés y sus efectos en nuestras vidas, a nuestra capacidad de responder a ellas para controlar los niveles de estrés, a realizar acciones que reduzcan las fuentes de estrés, y a aprender a relajarnos de tal manera que las tensiones creadas por el estrés inevitable no nos generen problemas de salud”. Generalmente, el nivel de exigencia en trabajos, estudios y familia es muy alto, lo que genera estrés y cansancio mental en las personas. Encontrar nuestra propia manera de evadirnos en momentos de relajación es fundamental para descargar tensiones y no estar en constante angustia. Por ello, debemos identificar aquello que nos genere excesivo estrés y buscar la forma de solventarlo.

Cada una de estas habilidades puede servir para varias situaciones psicosociales, pero también una situación concreta puede requerir la utilización de varias de estas habilidades. Por ello, podemos decir que todas las habilidades están interrelacionadas, pues pueden presentarse simultáneamente en diversos ámbitos, pero el hecho de separarlas como entes diferentes contribuye a su utilización de manera particular y a ser conscientes de cada una de ellas.

Es relevante, además, destacar que las HpV están orientadas al  bienestar humano y social, pudiéndose aplicar en las acciones y relaciones personales, en la interacción con los demás y en aquellas acciones en las que creamos que es necesario transformar el entorno con el fin de que sea favorable para la salud y el bienestar. Por el contrario, la mala gestión de estas habilidades podría provocar que las personas presenten dificultades a la hora de gestionar los acontecimientos vitales que se presentan en su día a día, apareciendo como consecuencia un importante factor de riesgo para la persona.

Autores como Cuartero (2014), señalan la importancia que tienen las emociones como condicionantes de nuestro comportamiento, ya que pueden hacernos actuar sensatamente o de manera irracional. Sería importante que el aprendizaje de las mencionadas habilidades fuera común a todos los niños y niñas en la etapa infantil, en los hogares y las escuelas, a fin de poder aplicarlas lo antes posible en sus vidas.

De hecho, el informe Delors “La Educación encierra un tesoro” ya explicaba que uno de los pilares donde debe asentarse la educación de hoy en día debe ser el “Aprender a ser”, pues la educación ha de contribuir al desarrollo global de cada persona, comenzando por el conocimiento de uno mismo para su posterior relación con los demás. Asimismo, destaca la importancia de educar en emociones y no solo atender lo puramente académico, ya que aunque la normativa curricular profundice en contenidos principalmente conceptuales, son los docentes los que han de desarrollar la parte actitudinal, emocional y de interacción con los demás para el desenvolvimiento correcto y positivo de los niños en la sociedad.

Por otro lado, es necesario tener en cuenta el incremento que se ha experimentado en los últimos años en cuanto a las conductas de riesgo en adolescentes (como la violencia, el consumo de sustancias, embarazos no deseados, entre otras). Es por ello necesario desarrollar habilidades interpersonales y de comunicación, comenzando a actuar desde el ámbito familiar y el contexto escolar.

Muchos colegios de distintos países están desarrollando programas de aprendizaje social y emocional (Social Emotional Learning) para, además de enseñar contenidos académicos, educar en la convivencia. Lantieri (2010), en un estudio sobre la evaluación de la aplicación del programa señalado en las aulas, determinó que los resultados demuestran que estas habilidades tienen un importante impacto positivo, ya que los estudiantes que desarrollan dicho programa obtienen mejores resultados en los exámenes de aptitud, muestran mayor finalización escolar, menos comportamientos violentos y menos abuso de alcohol y sustancias, entre otras. En definitiva, los niños y niñas que aprenden habilidades para la vida tienen mayor éxito no solo en la escuela, sino en todas las áreas de la vida.

Por dichos motivos, es necesario impulsar desde las escuelas (y hogares) la educación y el conocimiento de estas habilidades de manera intrínseca en el proceso de enseñanza-aprendizaje, siempre con el fin de que los niños y niñas que están en las aulas hoy, vayan aprendiendo y preparándose para afrontar con energía y propia fuerza psicológica las adversidades susceptibles de aparecer a lo largo de su desarrollo.

Sin olvidar que, a pesar de tener un mayor efecto si se desarrollan en la infancia, cualquier persona está a tiempo de aprenderlas, desarrollarlas e incorporarlas en su día a día. Sólo se necesita decisión y estar abierto al cambio.

Fuentes:

  • Organización Mundial de la Salud (1993). Enseñanza en los colegios de las habilidades para vivir para niños y adolescentes.
  • Edex (2018). Las 10 habilidades: Habilidades para la vida.
  • Cuartero, N. (Febrero de 2014). De la autoconciencia a la destreza social. Cuadernos de Pedagogía (442), p. 65.
  • Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Madrid, España: Santillana, ediciones UNESCO.
  • Lantieri, L. (2010). Las emociones van a la escuela. National Geographic. Cerebro y emociones.
  • Mantilla, L. y Chaín, I. Habilidades para la vida: manual para aprenderlas y enseñarlas. Bilbao: Edex, 2006.
  • Roca, E. Cómo mejorar tus habilidades sociales. Valencia: ACDE, 2003.
  • Proyecto: www.aislados.es Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Autoras: Delia Cayuelas Abellán (maestra de Educación Especial en Primaria) y Sofía Izquierdo Cantero (maestra de Educación Infantil) y profesionales de Educación para la Salud en la Escuela, del Servicio de Promoción y Educación para la Salud de la Consejería de Salud de la Región de Murcia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

+ 73 = 76